Análisis “The Jig is Up” – (David Wiley)

David Wiley, en su post  “The Jig is Up”,  analiza el impacto de internet sobre la formación reglada (los grados). El autor parte de la función básica de internet para compartir información, lo que ARPANET (Advanced Research Projects Agency Networks) en los 60 hace posible gracias a la implementación del protocolo TCP/IP. En otras palabras, esta tecnología hace posible una comunicación bidireccional entre emisor y receptor. Algo tan sencillo es, con seguridad, lo más valioso con un coste cero. No solo por el hecho de compartir información y comunicarnos entre dos dispositivos sino por el hecho de reproducir un contenido infinitas veces.

Este es el sentido en el que el software libre está basado: contenido libre para ser modificado, estudiado, usado y distribuido. Esta filosofía proviene del Free Software Foundation, cuyo fundador fue Richard Stallman, quien defiende el desarrollo colaborativo de contenido [software]. Un ejemplo en el ámbito de la educación de esta filosofía se podría ver en la educación de tipo constructivista, donde los estudiantes crean conocimiento accediendo a Internet para estudiar, modificar, usar, y distribuir el contenido.

 

El tercer momento que el autor analiza, la web, se antojaba como la tecnología que cambiaría el mundo, como una mega-autopista transitada por información.

De hecho, la Word Wide Web, (o web) se define como un sistema de distribución de  documentos de hipertexto interconectados y accesibles vía internet. Siguiendo el hilo de los tres primeros (TCP/IP, Sofware libre y ahora la web) analizados, encontramos un factor común, el enlace.

El enlace o link permite que las personas compartan y colaboren en la creación y ampliación de conocimiento. Se rompe con la comunicación unidireccional, pues el enlace conecta a infinitos participantes a una conversación global, donde cada uno puede ser emisor y receptor al mismo tiempo.

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En los 90, los cursos online se incorporaron a la conversación global. El primer software dedicado a la formación online fueron los LMS.

Hoy en día existen LMS abiertos y cerrados (licencia).

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Siguiendo la estela del free software, en 1998, aparece el open source (código abierto). A diferencia del software libre, el open source es un movimiento más pragmático, se enfoca más en los beneficios prácticos como acceso al código fuente que en aspectos éticos o de libertad que son tan relevantes en el Software Libre.

Por otro lado, aparece el término open content, definido por David Wiley, excluye el acceso al código del software pero permite descargar, usar, ajustar, rediseñar, y distribuir trabajo de autor bajo una licencia de uso.

En cualquier caso, la influencia de la colectivización del trabajo de autor, y del software no para aquí. El blog y la wiki aparecen como símbolos del poder 2.0 que la Web otorga a los internautas. De la verticalidad de webs corporativas se pasa a un escenario horizontal donde los internautas poseen un papel protagonista que les concede la habilidad de crear el grueso del contenido que se puede encontrar en internet.

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Al mismo tiempo, el uso, y distribución de contenidos en blogs y en la Wikipedia, nace la necesidad de control sobre la “liberalización” del trabajo de autor y de software. Para la alegría de la filosofía open content, defendida por David Wiley, Creative Commons, que supone una alternativa jurídica gratuita y menos restringida de los derechos de copyright, lo que el Richard Stallman venía defendiendo con el FSF, y el copyleft.

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Gracias a Creative Commons, el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) publica material educativo  “abierto” a través de OpenCourseWare. “La idea es simple: publicar todos los materiales del curso online y ponerlos al alcance de todos” Dick K.P. Yeu, profesor de la Escuela de Ingeniería de la MIT.

Siguiendo con la educación online, y la filosofía del open content, en 2007 David Wiley  lucha por abrir cursos aún más abiertos, incorporando una wiki para animar al estudiante a la co-elaboración del contenido del curso, trabajar sobre lecturas accesibles por todos gratuitamente, o usando el blog como el recurso central donde desarrollar las tareas del curso. El autor además trata de incluir el reconocimiento de aprovechamiento de sus cursos, aunque no estén reglados, mediante acuerdos con universidades, y con diplomas.

En 2008 se empiezan a abrir cursos online masivos y abiertos (MOOC), a través de los cuales se puede obtener certificación. En sus diferentes modalidades (xMOOC, cMOOC, y sMOOC), se fomenta la participación del estudiante a través de medallas o badges, que calculan la calidad del esfuerzo del estudiante que no es supervisado directamente por un docente.

Un poco más tarde, comienza el boom del curso abierto online. La universidad de Stanford, abre un curso sobre inteligencia artificial, denominado CS221, al cual se apuntaron alrededor de 100.000 participantes. Por otro lado, la MIT, (mediante la plataforma MITX)  lanza una serie de cursos de matriculación gratuita pero con certificado de pago (de ahí su carácter “x”, dicen que viene de la palabra expert,  por ser el profesor el experto y centro del proceso de e-a, y por ser los MOOC patrocinados por instituciones de prestigio y empresas).

Lo que el autor David Wiley nos quiere decir con el título que lleva la expresión “the jig is up” es “dejar en descubierto” algo, y ese algo no es nada menos que la decadencia de los grados, de la formación reglada. Gracias a la puerta que la Web, Internet, y cada uno de los momentos analizados en este post, nos encontramos ante un mundo virtual en el que lo hacemos casi todo y en el que el además compartimos y construimos el conocimiento (open source, open content, wiki, blog, etc).

La decadencia de los grados está al descubierto, pues la tecnología y la filosofía open, posibilita que ahora también nos eduquemos online. La formación reglada dejará de ser presencial, y los créditos que los grados requieren para su reconocimiento ya no son exclusivos de las universidades, ni necesariamente tienen un coste. Ahora la información es ubicua, es más accesible, los contenidos se comparten a coste cero, el progreso es auto-gestionado y colaborativo, y la certificación responde a necesidades concretas.

Como dice Wiley, “en el momento en el que reconocidas empresas empiecen a admitir otras credenciales a parte del grado, la educación terciaria quedará al descubierto.

 

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